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"Suelo y abono"

"Suelo y abono"

       Aunque los cactus son plantas a las que la Naturaleza ha facultado para soportar suelos de notable pobreza, agradecen que sean cultivados en una tierra más nutritiva de la que se encuentra en sus países de origen, mostrando a cambio un vigoroso crecimiento, unas fuertes espinas y una espectacular floración. Si el lector ha tenido ocasión de hojear revistas o libros escritos para los aficionados al cultivo de los cactus habrá podido observar la gran cantidad de fórmulas que para el suelo de cultivo de cactus son recomendadas, llevando muchas veces en su composición algunos elementos que son de muy difícil adquisición.

Basándonos en nuestra propia experiencia obtenida en el cultivo y la investigación cactológica, recomendamos una fácil solución de probado éxito para componer un suelo adecuado para esas plantas como expondremos más tarde. Dentro de la familia de las cactáceas, así como entre las plantas suculentas pertenecientes a otras familias botánicas de las que más tarde nos ocuparemos, existe una diversidad de necesidades en cuanto a riqueza de suelo. No obstante, después de haberlas visto vegetar sobre distintos tipos de substratos se saca en conclusión que puede establecerse un tipo de tierra adecuado para la mayoría acondicionándolo convenientemente en los casos de especies con necesidades más estrictas.

El suelo de aplicación general vamos a denominarlo "compuesto standard". Debe reunir las condiciones que son esenciales para una tierra de cactus; porosidad, moderada riqueza, mediana retención de la humedad y reacción algo ácida. Varios tipos de fórmulas podrían ser dadas si nos guiamos por las condiciones antedichas, pero la que por experiencia nos parece más conveniente está compuesta de mantillo de hojas y arena gruesa en volúmenes iguales. Los elementos nutritivos, la capacidad de retención de agua y la acidez serán proporcionados por el mantillo de  hojas.

Este mantillo debe estar muy hecho, de tal suerte que ya no puedan apreciarse hojas sin descomponer. Los mantillos procedentes de hojas de tilo, arce, castaño de Indias y fresno son muy recomendables. Para su empleo deberá ser pasado por un tamiz de malla 3-4 mm.

La porosidad será proporcionada por arena de tipo siliceo, bien lavada y cuyo grano mida 0,7-2 mm- de diámetro. No debe usarse arena del mar ni la que se usa en construcción, dado el contenido salino de la primera y el peligro de apelmazamiento que trae consigo la segunda por ser demasiado fina. En el caso de no poder conseguirse un buen mantillo podría recurrirse a su sustitución por turba. La elección de este material debe hacerse con cuidado; debe ser del tipo sphagnum, el cual posee una textura fibrosa y un color amarillo, pajizo o marrón claro, debiendo asimismo carecer de sales. Dado que este tipo de turba posee un pH cercano a 4, deberá neutralizarse con carbonato cálcico o dolomita hasta pH6. Esta variación respecto a la primera fórmula implica un suelo prácticamente inerte por lo que se requieren frecuentes abonados en el riego. Otra solución para el caso de no ser posible la adquisición del mantillo de hojas, consiste en recurrir a la utilización de una tercera fórmula para aplicación general y de tan buenos resultados como la primera.

Esta tercera formulación para el "compuesto standard" consiste en la mezcla de turba de sphagnum (muy fácil de encontrar en las florísterias, "garden center" y otros establecimientos de horticultura), tierra ligera de jardín (que no se apelmace al cogerla con la mano) y arena en volúmenes iguales. Hacemos hincapié en que la tierra de jardín no debe ser arcillosa sino que, al contrario, debe tener una textura suelta para que, junto con los otros dos componentes, proporcione un fácil acceso del aire hasta las raíces. Ademñas de las numerosas especies que vegetan perfectamente en cualesquiera de las tres fórmulas del "compuesto standar", existen otras que requieren un suelo más poroso y drenado o bien necesitan un mayor contenido en materia orgánica. El ajuste de estas mezclas especiales queda muy fácilmente resuelto añadiendo un porcentaje en volumen de arena en el primer caso y mantillo de hojas o turba para las especies del segundo tipo. 

La fertilización del compuesto standard se llevará a cabo añadiendo un abono que contenga 12% de nitrógeno, 20% de anhídrido fosfórico y 30% de potasa. La dosis adecuada será de 100 grs., por 100 litros de compuesto en el caso de la primera fórmula; 150 grs. por 100 litros en la segunda, y 12o grs. por 100 litros en la tercera.

Si el fertilizante usado tiene una riqueza baja o nula en magnesio, hierro, cinc, manganeso y otros elementos menores. debe adicionarse un producto comercial que las contenga. La aplicación de este preparado debe llevarse a cabo mediante su disolución en agua a la dosis recomendada por el fabricante y rociando la solución sobre el montón de compuesto, volteándolo a continuación hasta lograr una mezcla homogénea. Los fertilizantes con alta proporción de nitrógeno deben ser evitados, que que causan en las plantas suculentas la creación de tejidos muy débiles y acuosos, así como la disminución del número de flores producidas e incluso su aparición. Durante le primavera y verano, pueden ser convenientes algunos riegos fertilizantes, sobre todo si se trata de plantas que están más de un año en la misma maceta.

Se usará a este efecto un suelo soluble que contenga un 10-15 % de nitrógeno (los de menos proporción en este elemento serán dedicados a pequeñas plantas globulares muy floríferas, como Mammillaria, Notocactus, Rebutia, etc.., y los de mayor contenido servirán para Opuntia, así como cactus y otras suculentas columnares con crecimiento rápido, del tipo Cereus, Trichocereus, Marginatocereus, Euphorbia, etc..); 20% de anhídrido fosfórico, y 30% de potasa, además de lo cual debe tener una cierta riqueza en micro  elementos. La dosis más adecuada es de 1,5-2 gr. por litro de agua.

A los interesados en el cultivo hidropónico les interesará saber que este es aplicable a los cactus. El substrato a utilizar puede ser arena, vermiculita o gravilla volcánica y como abono a disolver en agua puede utilizarse con garantía uno de fórmula análoga a la mencionada para los riegos fertilizantes.

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