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Temperatura, ilumnicación y Ventilación

Temperatura, ilumnicación y Ventilación

      Hemos visto anteriormente que las zonas de América donde las cactáceas viven silvestres  son muy dispares. A tenor de esta disparidad de zonas se comprende fácilmente que las respectivas climatologías poseen asimismo características diferentes. Por regla general los cactus toleran altas temperaturas, pudiendo resistir hasta 45º C. e incluso más si la intensidad de la luz solar, la humedad del suelo y la ventilación son las más adecuadas.

      Existen especies que llegan a soportar increíbles extremos, Como ejemplo podemos citar que unos estudios llevados a cabo acerca de la vida de los cactus en el desierto llegaron a medirse 60ª C. en el cuerpo de una planta de Opuntia, sin que tal temperatura hubiera producido daño en aquélla planta. Atendiendo ahora el mínimo termométrico tolerado por los cactus debe decirse que mientras algunas especies pueden soportar incluso -20ª c., los del tipo epifitito requieren temperaturas por encima de 8º C. Durante el invierno, los cactus no deben estar en habitaciones muy caldeadas, puesto que los 18º , 20ª e incluso 24º C. a que suele estar el ambiente de muchos lugares con calefacción evitarían que se produjera el reposo invernal que es imprescindible para estas plantas. Por el contrario, un ambiente fresco, a unos 10º C. como media entre el día y la noche, durante los meses fríos, guardando un mínimo de seguridad de 5-7º C., es lo más conveniente para la mayoría de los cactus. Para que estas plantas puedan soportar el ambiente frío del invierno, la humedad relativa del aire debe ser cuanto más baja mejor, y que en el mismo sentido, deberá restringirse el riego tanto más cuanto menores sean las temperaturas.

        En las zonas litorales del Levante y Sur de la Península Ibérica, Islas Baleares, así como en otros lugares de las riberas del Mediterráneo (Riviera, Mónaco, etc..) gran parte de las especies de cactus pueden ser mantenidas perfectamente  durante el invierno en terrazas y patios soleados y abrigados o, del mismo modo, plantados en el suelo del jardín, logrando así magníficos efectos ornamentales y un crecimiento más vigoroso que el que puede lograrse mediante el cultivo en maceta.

        No podemos decir lo mismo para las zonas con clima continental, tanto en España como en otros países. En esas áreas más frías debe tenerse en cuenta de forma más estricta la temperatura mínima soportada por cada especie. No obstante, tras la lectura de las páginas de este libro dedicadas a las características y cultivo de diferentes especies, podrá observarse que un número de especies de cactáceas, mayor  del que se supone, podrían vivir en zonas frías y secas.

        En los consejos que damos a continuación para el cuidado de cada una de las especies, el lector podrá observar que hablamos de "mínimo de seguridad". Este concepto debe entenderse como una temperatura mínima a la cual puede ser sometida una especie con seguridad de que no va a sufrir daño; pero aunque dicha especie fuera capaz de soportar fríos algo mayores, esta resistencia dependerá de la edad del ejemplar, su estado sanitario, su vigor y otros factores entre los cuales destaca la humedad del ambiente y del suelo.

       Algunas especies que en España pueden soportar mínimos de 3º C. durante varias horas, en países como Inglaterra, sufren daños con esa misma temperatura, ya que la humedad ambiente es notablemente superior durante el invierno, por lo que el mínimo a recomendar para aquellos países debe ser varios grados más alto.

        Durante el reposo invernal se produce el endurecimiento de las partes de la planta que nacieron en la primavera y verano anteriores. Muchas especies producen sus flores sobre estas partes que se desarrollan en el período vegetativo previo. Estos tejidos endurecidos progresivamente desde el otoño son capaces de tolerar el frío con cierta rusticidad, circunstancia que no se da si la planta no ha sido inducida a la detención del crecimiento mediante la reducción paulatina de los riegos, la ausencia de abonado y la exposición a temperaturas cada vez menores.

        Otra circunstancia muy importante en el cuidado de los cactus es su necesidad en iluminación, Un error que se comete con relativa frecuencia consiste en suponer que todos los cactus resisten intensas insolaciones, Frente a esta idea debemos dejar claro que muchas especies cactáceas viven entre matorrales, arbustos y rocas que tamizan los rayos solares. De las muchas semillas que se encuentran en los frutos de los cactus, sólo un número muy reducido de ellas dan lugar en su hábitat a plantas que puedan alcanzar el tamaño adulto. La razón estriba en que no todas las semillas caen en lugares sombreados y, por tanto, cuando llegan las cortas lluvias y se produce su germinación, las pequeñas plántulas son rápidamente colapsadas por la intensidad de los rayos solares, a excepción de aquellas que cayeron al amparo de rocas o matojos, siendo éstas las únicas que prosperan y dan lugar a plantas que siguen creciendo bajo un ligero sombreado durante todo su estado juvenil e incluso en muchas especies, a lo largo de toda su vida.

       Como norma práctica a seguir puede decirse que las especies provistas de pelos, espinas muy fuertes o densa y cerra da espinosidad requieren pleno sol, el cual ayuda a la formación y colorido de las pinchas y pelos. Por el contrario, las especies con pocas espinas requieren un cierto sombreado. En cualquier caso, se trate del primer tipo o del segundo, el lugar donde estén situados los cactus debe estar muy iluminado. Al llegar a este punto debe puntualizarse que la iluminación intensa y el sol directo son cosas diferentes. En el caso de no disfrutar de suficiente iluminación, su crecimiento es débil y ahilado, tomando un color desvaído y haciéndose sumamente sensibles a las enfermedades parasitarias.

         En España y países con el mismo grado de insolación, si se sitúa los cactus en la zona soleada de la terraza o jardín, al abrigo del follaje ligero de alguna de las plantas ornamentales que allí existan, el ligero sombreado así producido será ideal para la mayoría de las especies. En el caso de que la intensidad de los rayos solares sea excesiva se observa un color rojizo en la planta, Este síntoma, cuando comienza a percibirse, será la señal que indique la conveniencia de un cambio de lugar para ese ejemplar.

        Como final de estos comentarios sobre la iluminación requerida por los cactus, diremos que estas plantas pueden ser cultivadas utilizando como única fuente de luz los tubos fluorescentes o lámparas de tipo hortícola.

        Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de cultivar cactus es la ventilación. Lo más conveniente para las cactáceas sería, si la temperatura lo permitiese, crecer al aire libre en un ambiente de poca humedad relativa. Esto es utópico en los inviernos de ciertas regiones de nuestro país, así como en muchas zonas con inviernos crudos, por lo que durante los meses fríos se protege a las plantas situándolas en la base inferior de una ventana orientada al sur, en una habitación donde la temperatura nocturna no ascienda de 10-12º c. Incluso en estos casos, las plantas deben airearse abriendo la ventana durante un buen rato durante la mañana o al mediodía, mientras que la temperatura exterior no sea inferior a 10º C.

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